Salud – SLACC | Sociedad Latinoamericana de Composición Corporal https://slacc.lat Somos una organización sin fines de lucro que promueve el estudio de la composición corporal humana en sus tres áreas interconectadas: niveles de composición corporal con sus reglas organizativas, conocimiento de técnicas de medición y factores biológicos que influyen en la composición corporal. Wed, 26 Nov 2025 23:16:18 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.1 https://slacc.lat/wp-content/uploads/2025/12/faviconnn-150x150.jpg Salud – SLACC | Sociedad Latinoamericana de Composición Corporal https://slacc.lat 32 32 230953742 ¿Las hormonas anticonceptivas afectan el crecimiento del tejido muscular esquelético? https://slacc.lat/las-hormonas-anticonceptivas-afectan-el-crecimiento-de-la-masa-muscular/ Thu, 10 Apr 2025 17:37:42 +0000 https://slacc.lat/?p=1905

Las hormonas sexuales son una de las principales determinantes del sexo biológico. En el sexo masculino, la hormona predominante es la testosterona y está se mantiene constante durante toda la etapa de adultez, mientras que en el sexo femenino predominan las hormonas progesterona y estrógeno; al contrario, las concentraciones de estas experimentan cambios en la vida adulta de la mujer dependiendo la etapa en la que se encuentre. Todo lo anterior marca una de las principales diferencias entre sexos (1).  

Los anticonceptivos hormonales (AH) son una combinación de estrógeno y progesterona y son utilizados principalmente para evitar el embarazo; esto es posible debido a que impiden que los ovarios liberen óvulos, adelgazan el revestimiento del útero y espesan el moco del cuello uterino de manera que bloquean el paso de los espermatozoides hacia el óvulo. Los AH se pueden administrar por la boca, en inyección, o se colocan debajo de la piel, sobre la piel (parche), en la vagina o en el útero. Las píldoras orales anticonceptivas (POA), son la forma más común de AH utilizada (2). 

El uso de las POA es ampliamente utilizado por mujeres deportistas, no sólo para el control de la fertilidad, sino también como estrategia para manipular el momento o incluso omitir por completo el sangrado por deprivación, que ocurre durante los 7 días sin POA. También los utilizan para aliviar los efectos secundarios asociados con el ciclo menstrual como calambres, dolor, hinchazón y dolores de cabeza; todo esto hace que las POA sean una opción atractiva para muchos atletas (3).

En las últimas tres décadas, se ha observado un aumento en el número de mujeres que practican ejercicio, desde la actividad física hasta el deporte de alto rendimiento, que se atribuye al creciente desarrollo e inversión en el deporte profesional femenino. El ejercicio de fuerza es ampliamente utilizado por la población atlética como parte de un programa integral de entrenamiento para un rendimiento óptimo, este provoca adaptaciones morfológicas y neurológicas que contribuyen a cambios en la hipertrofia del músculo esquelético (4). 

En los últimos años se ha puesto en duda si el uso de AH puede influir en el rendimiento deportivo. Debido a esto, un metaanálisis investigó el efecto del consumo de los AH en las adaptaciones de la hipertrofia muscular esquelética, la potencia y la fuerza en respuesta al entrenamiento de fuerza (5).

 

Se compararon quienes usan POA con quienes no las usan, y se encontró que el uso de POA no tiene un efecto significativo en la hipertrofia del músculo esquelético, ni en las adaptaciones de potencia o fuerza en respuesta al entrenamiento de resistencia (5).

Según el estudio, no existe una justificación basada en la evidencia para defender o rechazar el uso de píldora en mujeres que participan en entrenamiento de resistencia para aumentar la hipertrofia, la potencia o la fuerza (5).

Hasta la fecha, los estudios que investigan la influencia de los AH en las adaptaciones al entrenamiento de resistencia se han centrado exclusivamente en las píldoras anticonceptivas, y las investigaciones futuras también deberían examinar la posible influencia de los diferentes tipos de anticonceptivos hormonales (5).

¿Hay un entrenamiento basado en el ciclo menstrual?

El ciclo menstrual (CM) es un ritmo biológico importante en el que se observan grandes fluctuaciones cíclicas en las hormonas sexuales endógenas, como el estrógeno y la progesterona (6).

Se han sugerido diversos mecanismos por los cuales las fluctuaciones cíclicas de estrógeno y progesterona a lo largo del CM podrían afectar el rendimiento. Específicamente, se cree que el estrógeno tiene un efecto anabólico sobre el músculo esquelético y se ha demostrado que influye en los cambios en el metabolismo del sustrato mediante el aumento del almacenamiento de glucógeno muscular y la utilización de grasa (6). Por lo tanto, es fácil pensar que se pueden observar cambios en el rendimiento físico debido a los diferentes perfiles hormonales a lo largo del CM (6).

En un metaanálisis los resultados indicaron que, en promedio, el rendimiento físico podría verse ligeramente reducido durante la fase folicular temprana (fase caracterizada por niveles bajos de estrógeno y progesterona) en comparación con todas las demás fases del CM. Sin embargo, debido a que la mayoría de los estudios incluidos en este metanálisis se clasificaron como de baja calidad y la confianza en la evidencia reportada en este también es baja, debe interpretarse con cautela y no se pueden establecer directrices generales sobre el rendimiento físico en las fases del CM (7).

Desde una perspectiva práctica, dado que los efectos tendieron a ser insignificantes y variables entre estudios, es probable que las implicaciones de estos hallazgos sean tan pequeñas que carezcan de sentido para la mayoría de la población (7).

Referencias

  1. Guyton AC, Hall JE. Tratado de fisiología médica. 13a ed. Philadelphia: Elsevier; 2016.

  2. World Health Organization. Hormonal contraception. WHO; 2022.

  3. Elliott-Sale KJ, Smith S, Bacon J, Clayton D, McKay AKA, Torvik K, et al. The effects of oral contraceptives on exercise performance in women: A systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2020;50(10):1693–1710.

  4. Costello JT, Bieuzen F, Bleakley CM. Where are all the female participants in sports and exercise medicine research? Eur J Sport Sci. 2014;14(8):847–51.

  5. Gerosa-Neto J, Rossi FE, Silva Santos JF, et al. Effects of hormonal contraceptive use on adaptations to resistance training: A systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2023;53:123–140.

  6. Wikström-Frisén L, Boraxbekk C-J, Henriksson-Larsén K. Effects on strength training performance in women: Influence of the menstrual cycle. Front Physiol. 2017;8:907.

  7. McNulty KL, Elliott-Sale KJ, Dolan E, Swinton PA, et al. The effects of menstrual cycle phase on exercise performance in eumenorrheic women: A systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2020;50(10):1813–1827.

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Cambios de la composición corporal en síndrome de Down  https://slacc.lat/cambios-de-la-composicion-corporal-en-sindrome-de-down/ https://slacc.lat/cambios-de-la-composicion-corporal-en-sindrome-de-down/#respond Wed, 15 Jan 2025 22:00:35 +0000 https://slacc.lat/?p=1721

El síndrome de Down (SD) es la aneuploidía (trastorno genético) más común en el ser humano, es causado por una trisomía (condición genética en el que una persona posee tres copias de un cromosoma en lugar de las dos habituales) del cromosoma 21. Se calcula que aproximadamente 1 de cada 1000 personas lo tiene. Por lo anterior, es esencial poder estudiar y comprender a mayor profundidad el síndrome y las manifestaciones clínicas propias de este, con el fin de poder brindar una atención nutricional específica y correcta para los pacientes que cuentan con este síndrome. El síndrome de Down está asociado con problemas de salud significativos, como enfermedades como las cardiopatías congénitas, la apnea obstructiva del sueño, la enfermedad celíaca y las endocrinopatías. Los trastornos endocrinos generalmente se caracterizan por trastornos tiroideos, baja masa ósea, diabetes, baja estatura y propensión a estar sobrepeso/obeso. Los jóvenes con síndrome de Down (SD) presentan una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad en comparación con sus pares sin esta condición. Las principales causas que contribuyen al aumento de peso en las personas con SD incluyen la hipotonía (reducción del tono muscular), una mayor predisposición a la inflamación sistémica, trastornos metabólicos y/o un metabolismo más lento.Los medicamentos que se administran con frecuencia en esta población, como los utilizados para tratar problemas endocrinos o de salud mental, también pueden favorecer el aumento de peso.

Además de esto, muchas de estas personas enfrentan limitaciones físicas que dificultan la actividad física, lo que, combinado con la falta de apoyo social y financiero, contribuye al desarrollo de sobrepeso y obesidad, deterioración funcional o disminución ósea. La salud ósea suele ser una preocupación adicional en la población con SD. Regularmente las personas con SD suelen presentar una densidad y estructura ósea más débiles, lo que las coloca en mayor riesgo de sufrir fracturas en el futuro en comparación con sus pares sin esta condición. La mala salud ósea está relacionada tanto con una menor acumulación de minerales durante la infancia y la adolescencia, como con problemas hormonales que afectan la densidad ósea. La suma de todas la variables pueden ser riesgosas para el paciente con síndrome de Down ya que pueden generar que exista una agravación de las manifestaciones clínicas propias de la condición, lo que a la larga puede propiciar una baja calidad de vida y que exista un aumento en la morbilidad de la persona.

Composición corporal 

La antropometría, como herramienta utilizada para monitorear la obesidad y el sobrepeso, se destaca por ser un enfoque eficiente, económico y que requiere poco tiempo. Esta disciplina, que forma parte de la antropología biológica, se dedica a estudiar diversas características fisiológicas, psicológicas y anatómicas de los individuos. Sin embargo no hay que dejar de lado otras técnicas de composición corporal como lo son la absorciometría de rayos X de energía dual (DXA,por sus siglas en inglés), Pletismografía por desplazamiento de aire, bioimpedancia (BIA), tomografía computarizada, entre otros métodos óptimos para esta población. Todos estos métodos mencionados anteriormente ya los hemos descrito en blogs pasados.

Es particularmente importante resaltar la necesidad de evaluar la composición corporal de personas con síndrome de Down, ya que, como se mencionó anteriormente, este grupo presenta características fisiológicas y metabólicas distintas que pueden influir en su riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad. La medición precisa de la composición corporal en personas con síndrome de Down no solo ayuda a detectar posibles desbalances nutricionales, sino que también permite diseñar intervenciones personalizadas que promuevan un estado de salud más óptimo. Así, contar con un protocolo adecuado para realizar mediciones antropométricas en este grupo poblacional es esencial para prevenir enfermedades asociadas a la obesidad y mejorar su calidad de vida.

Si bien la evidencia científica es limitada, algunos estudios sugieren que los ejercicios físicos pueden tener efectos positivos en el peso corporal y la grasa corporal, con algunas variaciones según el tipo de intervención. Sin embargo, los cambios más grandes se observaron en un estudio con entrenamiento de resistencia y en otro con actividades acuáticas. 

Podemos concluir… 

El reto para los próximos años en el ámbito clínico será desarrollar y aplicar intervenciones terapéuticas que no solo favorezcan la pérdida de peso y reduzcan la grasa corporal, sino que también disminuyan la inflamación sistémica. Las estrategias que puedan abordar simultáneamente tanto el control de peso como la mejora de la salud ósea serán clave para reducir el riesgo de fracturas y otros problemas relacionados con el envejecimiento prematuro de los huesos en esta población.

Por lo tanto, es fundamental avanzar en el conocimiento sobre la composición corporal en el síndrome de Down, considerando el impacto de estos factores metabólicos, hormonales y nutricionales, y adaptar los programas de intervención para mejorar la calidad de vida y la salud integral de las personas con SD.

Referencias:

  • Martínez-Espinosa RM, Molina Vila MD, Reig García-Galbis M. Evidences from Clinical Trials in Down Syndrome: Diet, Exercise and Body Composition. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2020 Jun 16;17(12):4294
  • Relationship between Down syndrome, physical fitness and clinical manifestations. González-Aguero et al. 2010; Scand J Med Sei Sports
  • Olivetti Artioli T, Witsmiszyn E, Belo Ferreira A, Franchi Pinto C. Valoración del índice de masa corporal y la composición corporal en el síndrome de Down. Revista Médica Internacional sobre el Síndrome de Down [Internet]. 2017 May 1 [cited 2021 Dec 17];21(2):23–6. Available from: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-internacional-sobre-el-306-articulo-valoracion-del-indice-masa-corporal-S1138207417300118
  • Cabeza-Ruiz, R.A. Centeno-Prada, E. Sánchez-Valverde, F. Peña-García, J. Naranjo-Orellana, J.D. Beas-Jiménez. La fuerza de prensión manual en adultos deportistas con síndrome de Down. Influencia del género y la composición corporal. Revista Portuguesa de Pneumologia. 2009 Dec 1;2(4):116–9.
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Composición Corporal en Cáncer https://slacc.lat/composicion-corporal-en-cancer/ Thu, 09 Jan 2025 21:14:58 +0000 https://slacc.lat/?p=1705

Lo que se altera comúnmente.

 El cáncer es una enfermedad multifactorial compleja que tiene un efecto significativo y trascendente sobre la calidad de vida de los individuos que la padecen. La composición corporal puede influir en el riesgo de desarrollar cáncer y en la evolución de la enfermedad. 

Para el tratamiento del cáncer era muy común utilizar el peso y el IMC (Índice de masa corporal) como indicador para evaluar al paciente, sin embargo, cada vez se hace más evidente que no es adecuado que este sea utilizado como único marcador de salud y menos en pacientes con patologías, ya que en estos casos el peso está influenciado por diferentes cuestiones como la retención de líquidos y cambios en la composición corporal.

No será lo mismo una persona con una mayor proporción de tejido adiposo y una baja proporción de tejido muscular esquelético, a una persona con un adecuado porcentaje de tejido muscular esquelético.

Mediante el peso no podemos obtener datos sobre la composición corporal de la persona, debido a esto, existen herramientas de imagen para el tejido muscular esquelético como ultrasonidos, tomografía computarizada y/o bioimpedancia que podrían utilizarse para evaluar el riesgo nutricional y monitorizar la respuesta a la nutrición. Con esto se puede monitorizar el tejido muscular esquelético, que es fundamental saber en un paciente con cáncer. 

La desnutrición es una condición que está muy presente en los pacientes con cáncer y está muy asociada a la pérdida de tejido muscular esquelético, debido a esto es muy importante diagnosticar esta condición en una etapa temprana. La Iniciativa Global de Liderazgo en Malnutrición (GLIM, por sus siglas en inglés), se centra en la creación de un consenso mundial en torno a los criterios básicos de diagnóstico de la desnutrición en adultos en entornos clínicos. Este modelo se basa en dos fases, que son: 

1) Identificar el riesgo de desnutrición.

2) Diagnosticar y clasificar la gravedad de la malnutrición. 

Uno de los criterios que se establecen para evaluar al paciente es el tejido muscular esquelético, ya que esta es fundamental para poder apoyar a los pacientes con cáncer.

Importancia de evaluar el Tejido Muscular Esquelético (TME)

El desgaste muscular (con o sin pérdida de grasa) es una característica fundamental de la caquexia por cáncer, una afección multifactorial que afecta negativamente el pronóstico y a la calidad de vida de los pacientes oncológicos. Además, un bajo TME puede aumentar el riesgo a tener resistencia a la insulina debido a la inflamación. A menudo el desgaste muscular puede ser una afección oculta, la evaluación de la composición corporal es esencial. Al realizar esta evaluación se deben considerar factores como la edad, el sexo y el tipo de paciente que se está tratando, ya que entre más se individualice la intervención nutricional se generarán mejores resultados.

Calidad muscular

Evaluar la calidad muscular es otro aspecto a considerar, no es lo mismo un músculo magro a uno con infiltración de tejido adiposo, en la siguiente imagen se puede ver un corte transversal del brazo de dos mujeres, en la izquierda se observa la infiltración del tejido adiposo en el músculo esquelético. 

Fig. 13. Relación entre el área muscular (Lean), tejido adiposo intramuscular (IMAT) y el rendimiento físico en pruebas funcionales. Adaptado de: Addison O, Marcus RL, LaStayo PC, Ryan AS. Intermuscular fat: a review of the consequences and causes. Int J Endocrinol. 2014;2014:309570. doi:10.1155/2014/309570.

A esta infiltración se le llama mioesteatosis. Existen dos métodos muy útiles para analizar la composición corporal e identificar si existe infiltración de grasa en los tejidos, los cuales son:

  • Resonancia magnética nuclear: Esta proporciona imágenes de los componentes corporales y de la composición química de los tejidos, tiene validez para medir la grasa visceral y capacidad para realizar inferencias sin someter al sujeto a radiaciones ionizantes.
  • Tomografía computarizada: Esta ofrece reconstrucciones tridimensionales con una segmentación automatizada de músculo esquelético, tejido adiposo y hueso de todo el cuerpo, todo esto permite analizar componentes como la grasa visceral, el tejido adiposo intramuscular, pericárdico y subcutáneo. Las tomografías computarizadas son muy fáciles de usar y permiten ver que tan desarrollado está un tumor.

Otros métodos como el DXA son de utilidad para ver densitometría ósea, mayormente en mujeres postmenopáusicas. En cambio, la bioimpedancia ha avanzado y ahora brinda información por segmentos del cuerpo, lo cual permite conocer mejor la distribución corporal.

La infiltración de masa intramuscular o mioesteatosis va a desencadenar que el paciente sufra una disminución de la fuerza, un aumento en la resistencia a la insulina y un mayor riesgo de discapacidad. El músculo determina en gran manera la funcionalidad del paciente. De hecho, una buena reserva de TME con mucha mioesteatosis también se considera sarcopenia. 

Sarcopenia

La sarcopenia es un conjunto de 3 factores, los cuales son baja fuerza muscular, bajo TME y bajo rendimiento físico. Esto ocasiona una funcionalidad deteriorada que aumenta la mortalidad en los pacientes enfermos.

Los pacientes con cáncer pueden experimentar un desgaste muscular incluso previo al diagnóstico, debido a la inflamación y resistencia a la insulina, y tras el diagnóstico, este desgaste puede verse acelerado por los tratamientos contra el cáncer. La identificación precoz y la intervención multimodal pueden ayudar a retrasar el ritmo de disminución del TME y, de este modo, evitar que los pacientes caigan por debajo del umbral crítico de TME necesario para obtener resultados óptimos en el cáncer. Todo esto impactará la sobrevida y la tolerancia al tratamiento. La falta de TME está asociado a una menor calidad de vida, un deterioro progresivo y un empeoramiento del pronóstico en diferentes tipos de tumores.  Con todo lo anterior mencionado es evidente que es esencial tomar en cuenta el análisis adecuado de la composición corporal y la importancia del TME en los pacientes oncológicos para así poder aumentar la probabilidad de supervivencia.

Referencias:

    • Meissen H, Gong MN, Wong A-KI, Zimmerman JJ, Nadkarni N, Kane-Gil SL, et al. The future of Critical Care: Optimizing technologies and a learning healthcare system to potentiate a more humanistic approach to Critical Care. Crit Care Explor. 2022;4(3):e0659. http://dx.doi.org/10.1097/CCE.0000000000000659
    • Cederholm T, Jensen GL, Correia MITD, Gonzalez MC, Fukushima R, Higashiguchi T, et al. GLIM criteria for the diagnosis of malnutrition – A consensus report from the global clinical nutrition community. Clin Nutr. 2019;38(1):1–9. http://dx.doi.org/10.1016/j.clnu.2018.08.002
    • Addison O, Marcus RL, Lastayo PC, Ryan AS. Intermuscular fat: a review of the consequences and causes. Int J Endocrinol. 2014;2014:309570. http://dx.doi.org/10.1155/2014/309570
    • Magnetic Resonance Imaging (MRI). National Institute of Biomedical Imaging and Bioengineering. https://www.nibib.nih.gov/science-education/science-topics/magnetic-resonance-imaging-mri
    • Ma D, Chow V, Popuri K, Beg MF. Comprehensive validation of automated whole body skeletal muscle, adipose tissue, and bone segmentation from 3D CT images for body Composition analysis: Towards extended body Composition. arXiv [cs.CV]. 2021. http://arxiv.org/abs/2106.00652
    • Cruz-Jentoft AJ, Bahat G, Bauer J, Boirie Y, Bruyère O, Cederholm T, et al. Sarcopenia: revised European consensus on definition and diagnosis. Age Ageing. 2019;48(1):16–31. http://dx.doi.org/10.1093/ageing/afy169
    • Kim JH, Choi SH, Lim S, Kim KW, Lim JY, Cho NH, et al. Assessment of appendicular skeletal muscle mass by bioimpedance in older community-dwelling Korean adults. Arch Gerontol Geriatr. 2014;58(3):303–7. http://dx.doi.org/10.1016/j.archger.2013.11.002
    • Prado CM, Landi F, Chew STH, Atherton PJ, Molinger J, Ruck T, et al. Advances in muscle health and nutrition: A toolkit for healthcare professionals. Clin Nutr. 2022;41(10):2244–63. http://dx.doi.org/10.1016/j.clnu.2022.07.041
    • Brown JC, Cespedes Feliciano EM, Caan BJ. The evolution of body composition in oncology—epidemiology, clinical trials, and the future of patient care: facts and numbers. J Cachexia Sarcopenia Muscle. 2018;9(7):1200–8. http://dx.doi.org/10.1002/jcsm.12379
    • Dewys WD, Begg C, Lavin PT, Band PR, Bennett JM, Bertino JR, et al. Prognostic effect of weight loss prior tochemotherapy in cancer patients. Am J Med. 1980;69(4):491–7. http://dx.doi.org/10.1016/s0149-2918(05)80001-3
    • Schmidt SF, Rohm M, Herzig S, Berriel Diaz M. Cancer cachexia: More than skeletal muscle wasting. Trends Cancer. 2018;4(12):849–60.: http://dx.doi.org/10.1016/j.trecan.2018.10.001.
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Tasas metabólicas a lo largo de la vida https://slacc.lat/tasas-metabolicas-a-lo-largo-de-la-vida/ https://slacc.lat/tasas-metabolicas-a-lo-largo-de-la-vida/#respond Thu, 05 Dec 2024 20:23:38 +0000 https://slacc.lat/?p=1679

La tasa metabólica es la cantidad de energía que el cuerpo utiliza para realizar funciones básicas como respirar, mantener la temperatura corporal y hacer funcionar los órganos vitales en reposo. Se mide en calorías y varía según factores como el sexo, la genética, el nivel de actividad física y tambien por la edad. Este último factor va a ser esencial, ya que marca la pauta de las diferentes etapas a lo largo de la vida, cada una con sus características y retos, pero ¿es verdad que el metabolismo cambia con la edad o es algún mito que se ha interiorizado en nuestro subconsciente? Esta respuesta es compleja, debido a que cada etapa de vida se ve condicionada por el ambiente y la situación específica que vive cada persona. Entre las variantes que tienen mayor influencia se encuentra el factor económico, social, estilo de vida, raza, heredofamiliar, entre otros.  También es importante considerar que  la composición corporal, el tamaño y la actividad física cambian a lo largo de la vida, a menudo de manera simultánea, lo que hace difícil analizar los determinantes del gasto energético.

Necesitamos identificar que el gasto energético aumenta a la par que crecen las personas, esto significa que el gasto energético basal y total van a aumentar desde la infancia hasta la pubertad, la mayor parte de este aumento va ligado al aumento de masa libre de grasa. Cabe recalcar que aún no hay evidencia científica suficiente que pueda avalar los cambios relacionados  con la edad en las tasas metabólicas específicas de los tejidos, ni se ha comprobado el papel de los efectos endocrinos u otras alteraciones. 

Fig. 1. Relación entre el gasto energético total (TEE) y la masa libre de grasa (FFM) a lo largo del ciclo vital humano. Adaptado de: Pontzer H, Yamada Y, Sagayama H, et al. Daily energy expenditure through the human life course. Science. 2021;373(6556):808-812. doi:10.1126/science.abe5017.

Neonatos (0 a 1 año)

En esta etapa el crecimiento es exponencial, por lo que el gasto energético va a tener un aumento creciente en el primer año de vida, el gasto de energía aumenta rápidamente debido a las necesidades de crecimiento, la alimentación del lactante es fundamental para mejorar la supervivencia infantil y fomentar un crecimiento y desarrollo saludables. Los dos primeros años de vida son esenciales para la vida del individuo.  En el análisis de regresión segmentada, el gasto total ajustado aumentó un 84.7 ± 7.2% por año desde el nacimiento hasta un punto de quiebre a los 0.7 años.Para los sujetos entre 9 y 15 meses, los gastos totales y basales ajustados fueron casi un 50% más elevados en comparación con los adultos. Este aumento es crítico porque en situaciones de malnutrición, los niños pueden tener problemas de crecimiento.

Jóvenes (1 a 20 años)

En esta etapa se incluye otro de los picos de crecimiento más importantes del ser humano que es la pubertad, diversos autores ubican la pubertad entre los 10 a los 19 años. En esta etapa el  gasto total y basal, junto con la masa libre de grasa, continuaron aumentando con la edad a lo largo de la infancia y la adolescencia pero los gastos ajustados por tamaño corporal disminuyeron de manera constante.  No se evidenciaron aumentos puberales en el gasto total o basal ajustado entre los sujetos de 10 a 15 años. El análisis de regresión segmentada identificó un punto de quiebre en el gasto total ajustado a los 20.5 años (IC 95%: 19.8, 21.2), después del cual se estabilizó en niveles adultos.

Adultos (20 a 60 años)

En esta etapa el gasto total y el gasto basal se encuentran  estables desde los 20 a los 60 años, tampoco la masa libre de grasa va a presentar muchas fluctuaciones. El sexo no tuvo efecto en el gasto total en modelos multivariados con masa libre de grasa y masa grasa, ni en análisis de gasto total ajustado. El análisis de regresión segmentada encontró que, a partir de los 63 años (con un rango de 60 a 66 años), algo empieza a cambiar: después de esa edad, el GEE ajustado (que es una medida que se está evaluando) empieza a bajar. 

Hay más incertidumbre en los datos de personas más jóvenes, lo que dificulta determinar ese cambio con exactitud en estas edades.

Adultos mayores (>60 años)

Alrededor de los 60 años, tanto el gasto total de energía como el gasto basal (la energía que usamos en reposo) empiezan a disminuir, lo cual también va acompañado de una reducción en la masa muscular y la grasa del cuerpo. Sin embargo, esta disminución no solo se debe a la pérdida de músculo y grasa. El gasto total ajustado disminuye alrededor del 0,7% cada año, y algo similar ocurre con el gasto basal ajustado. A los 90 años, el gasto total ajustado es aproximadamente un 26% más bajo que en los adultos de mediana edad.

Podemos concluir que…

El gasto total y basal aumenta desde la niñez hasta la pubertad, pero gran parte de este aumento es atribuible al aumento de la masa libre de grasa, y el papel de los efectos endocrinos. Durante la edad adulta, el gasto energético se mantiene bastante estable, incluso durante el embarazo o después del parto. En las personas mayores, la disminución del gasto metabólico podría aumentar el riesgo de subir de peso, aunque no se observa un aumento en la cantidad de grasa corporal, lo que sugiere que la relación entre la cantidad de energía que consumimos y lo que gastamos sigue siendo relevante.

La disminución del gasto total a partir de la tercera edad, está asociada con una reducción de la masa libre de grasa y el “nivel de actividad física” (PAL, que es la relación entre el gasto total y basal), por lo anterior es muy común que las personas que se encuentren atravesando esta etapa de vida puedan presentar cierto riesgo de presentar sarcopenia, aunque también podría ser un indicio de la disminución relacionada con la edad en el metabolismo de los órganos. 

El tamaño corporal, particularmente la masa magra, representó la mayor parte (83%) de la variación en el gasto diario. La composición corporal, el tamaño y la actividad física cambian a lo largo de la vida, a menudo de forma concertada, lo que dificulta analizar los determinantes del gasto energético.

Referencias:

  • Pontzer H, Yamada Y, Sagayama H, Ainslie PN, Andersen LF, Anderson LJ, et al. Daily energy expenditure through the human life course. Science [Internet]. 2021.
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https://slacc.lat/tasas-metabolicas-a-lo-largo-de-la-vida/feed/ 0 1679
Relación de la hiperplasia e hipertrofia del tejido adiposo con la obesidad  https://slacc.lat/relacion-de-la-hiperplasia-e-hipertrofia-del-tejido-adiposo-con-la-obesidad/ Thu, 01 Aug 2024 19:11:42 +0000 https://slacc.lat/?p=1410

La obesidad es una enfermedad de salud pública, considerada como una pandemia global, la cual afecta a población de diversas edades, géneros y condiciones socioeconómicas.  

El desarrollo de esta enfermedad involucra una combinación de factores de predisposición genética y ambientales, la cual es causada principalmente por un desequilibrio energético entre la ingesta calórica y el gasto de energía, ocasionando una alteración en la homeostasis y dando como resultado una acumulación de masa grasa en el tejido adiposo blanco que es la reserva de energía en forma de lípidos, así como en otros tejidos. La acumulación excesiva de masa grasa conduce a un estrés del cuerpo incrementado y disfunción en los tejidos, contribuyendo al desarrollo de comorbilidades como diabetes mellitus tipo 2, enfermedad  cardiovascular, hipertensión, disfunción del hígado, y cáncer, que en conjunto son la causa del 70% de las muertes prematuras mundialmente (1).

El tejido adiposo (TA) se distribuye en el cuerpo en dos depósitos principales, la grasa subcutánea y la grasa visceral, la grasa subcutánea está localizada debajo de la piel y forma parte del 90% del total de la grasa corporal, mientras que la grasa visceral se ubica en la cavidad abdominal, y rodea los órganos centrales, esta grasa es más peligrosa y se asocia con un mayor riesgo de complicaciones metabólicas e inflamación (2,3).

El tejido adiposo y la obesidad común

La obesidad es un estado metabólico ocasionado por la expansión del tejido adiposo, que puede ocurrir por hiperplasia e hipertrofia de los adipocitos. La hiperplasia es la multiplicación y diferenciación de células precursoras adiposas y la hipertrofia es el incremento del tamaño del adipocito (1,2). 

La hiperplasia o el número total de adipocitos en un depósito de grasa específico se establece principalmente en etapas tempranas de la vida y tiende a mantenerse estable a lo largo de la adultez (1).

Fig. 2. Modelos de distribución de la adiposidad corporal. Obesity: a disease or a biological adaptation? Obes Rev. 2000;1(1):15-9. (3).

Al contrario, la hipertrofia de adipocitos es causada por un excedente de energía constante, y puede incrementar el tamaño en cientos de micrómetros de diámetro.

La expansión del TA involucra una interacción compleja de factores como el balance energético, la genética y los procesos de desarrollo.

En la obesidad infantil se puede caracterizar por una hiperplasia acelerada en el tejido adiposo, duplicando el número de adipocitos comparado con una persona de un peso normal o promedio, lo cual aumenta significativamente el riesgo a desarrollar obesidad en etapas posteriores de la vida (1).

Durante la adultez, hay un declive gradual en la hiperplasia del tejido adiposo y la hipertrofia predomina en los depósitos de grasa visceral, que en exceso es perjudicial para la salud metabólica (3). 

El crecimiento, desarrollo y distribución del TA también está modulado por las hormonas sexuales como el estrógeno y la testosterona, como el estradiol perteneciente al grupo de los estrógenos, fluctúa durante el periodo menstrual, impactando en el apetito, la ingesta calórica, y el gasto de energía, promoviendo la acumulación de grasa subcutánea, particularmente en la región glúteo-femoral, resultando en la composición corporal característica de la mujer en forma de pera (patrón gluteofemoral de distribución de grasa). Por otro lado, la testosterona favorece la deposición de grasa visceral, provocando la composición corporal típica de forma de manzana en hombres donde la grasa se observa principalmente en el abdomen (patrón abdominal o androide) (3).

Hipertrofia de los adipocitos

La expansión hipertrófica en adipocitos ocurre principalmente en respuesta a la sobre-alimentación y esta influye en la capacidad de los adipocitos para capturar y retener lípidos circulantes (1).

Durante la restricción calórica, los adipocitos proveen nutrientes a otros tejidos por medio de la lipólisis de los lípidos almacenados y la liberación de ácidos grasos libres en la circulación.  La hipertrofia de los adipocitos no sólo aumenta el tamaño de estás células, sino que también remodela el TA. Por lo tanto, esto significa que el TA puede ser desregulado por esta hipertrofia, provocando un perfil proinflamatorio y resistencia a la insulina (4). 

En el TA subcutáneo  es el almacén más grande y menos perjudicial para almacenar el exceso de calorías, ya que esta expansión es alcanzada inicialmente por la hiperplasia en edades tempranas; sin embargo, cuando la hiperplasia alcanza el límite, la hipertrofia se incrementa y se acelera la inflamación y disfunción (3).

En consecuencia, el exceso de grasa es dirigido a tejidos adiposos más perjudiciales, como la grasa visceral y ectópica, que es la acumulación de grasa en lugares atípicos del cuerpo, como el hígado, los músculos o el páncreas, que conducen a una mayor probabilidad de desarrollar diversas patologías como diabetes y la enfermedad de las arterias coronarias. Con esto dicho, se ha considerado que, el tamaño de los adipocitos está relacionado con el síndrome metabólico, independientemente del peso corporal (1,3).

Fig 3. Comparación de la distribución de tejido adiposo — estado normopeso vs obesidad abdominal (adiposidad visceral). Ilustración anatómica 3D. Fuente: ABC

Contexto genético de la hiperplasia e hipertrofia

La genética es un factor importante en la etiología de la obesidad ya que los genes contribuyen en la distribución de la grasa corporal, indicando un posible rol de la hiperplasia e hipertrofia (1).

La distribución de la grasa corporal varía entre grupos étnicos independientemente de la obesidad. Por ejemplo, la grasa visceral se observa más en asiáticos que africanos y europeos, explicando parcialmente el riesgo incrementado de los asiáticos para desarrollar diabetes tipo 2 comparados con los caucásicos (3). Esto también puede indicar que la capacidad de los asiáticos para acumular grasa subcutánea no es suficiente para tolerar la ingesta elevada de calorías. Adicional al trasfondo étnico genético, la predisposición individual genética influye en la distribución de la grasa corporal independientemente del sexo y la edad.

Cabe mencionar que la obesidad se puede dividir en términos generales en  dos categorías: poligénica y genética. La obesidad común poligénica es la forma de obesidad más común, y se caracteriza por una obesidad de aparición tardía, con una fuerte influencia ambiental. En contraste, la obesidad genética es  una forma rara de obesidad, generalmente se hereda, y se caracteriza por una obesidad grave y de aparición temprana, resultante de la mutación de un gen y con poca o nula influencia ambiental (1).

La obesidad al ser una enfermedad crónica multisistémica, con factores ambientales y genéticos involucrados en las bases de su desarrollo, es un resultado perjudicial de  la hiperplasia e hipertrofia de la expansión del TA. Entender el rol del exceso de grasa corporal con la lipo-distribución del TA, la genética, la regulación hormonal, la conducta alimentaria, la regulación del apetito y la influencia de la hiperplasia e hipertrofia es fundamental para expandir el entendimiento y la perspectiva de los factores involucrados en el desarrollo de la obesidad común o genética y así, avanzar y comprender los estados normales y de sobre alimentación.

Referencias:

  1. Horwitz A, Birk R. Adipose tissue hyperplasia and hypertrophy in common and syndromic obesity—the case of BBS obesity. Nutrients. 2023;15(15):3445.

  2. Karastergiou K, Fried SK. Sex differences in human adipose tissues. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab. 2012.

  3. Lear SA, et al. Ethnic variation in visceral adipose tissue and cardiometabolic risk. Lancet Diabetes Endocrinol. 2015.

  4. Kozawa J, Shimomura I. Ectopic fat accumulation in pancreas and heart. J Clin Med. 2021;10(6):1326.
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